Stages of the Cross: Español

Etapa 5: Viernes

Es viernes temprano en la mañana, casi pasando la madrugada. Jesús y sus discípulos van al jardín de Getsemaní a orar. Jesús predijo en la última cena que Judas lo iba a traicionar, que Pedro lo negaría y que el resto de los discípulos lo iban a abandonar.

Llegan al jardín de Getsemaní y Jesús les dice a todos sus discípulos que esperen en la entrada. Pero le pide a Pedro, a Santiago y a Juan que vayan con Él más adentro. Ahí es donde Jesús les dice cómo se siente. Les dice:

“Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.”

Jesús se aparta un poco y comienza a orar. Ora por sí mismo, por sus discípulos y finalmente por ti y por mí. La Biblia dice que Jesús estaba pasando por tanto tormento y orando con tal intensidad que gotas de sangre caían de su frente. Una gran lucha estaba por venir.

“se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo.  Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»”

Fue ahí, en el jardín de Getsemaní, donde Jesús decidió que prefería ir al infierno por ti que ir al cielo sin ti.

Mientras Jesús oraba, Judas llegó junto con soldados y una gran multitud. Judas le dio un beso en la mejilla a Jesús. Esa era la señal de que a Él es a quien tenían que arrestar.

Luego, atan y arrastran a Jesús fuera del jardín mientras sus discípulos huyen en la oscuridad. En menos de 12 horas, Jesús pasaría por seis diferentes juicios. Cada juicio era ilegal según la ley, y cada uno de ellos tenía un propósito, la crucifixión de Jesús.

Llevan a Jesús ante Anás, el jefe político de Jerusalén. Lo golpean en la cara por clamar que es el hijo de Dios. Ese fue el primer golpe de muchos que su cuerpo recibiría. Lo llevan ante Caifás, el sumo sacerdote. Le vendan los ojos y lo golpean. Para el atardecer, su rostro sería azul y negro. Luego arrastran a Jesús ante el consejo judío, un grupo llamado el Sanedrín. Le escupen en la cara y lo golpean una y otra vez. Pero como no tenían la autoridad de matar a Jesús, lo llevan hasta el palacio del gobernador romano, un hombre llamado Poncio Pilatos. 

Primero le dijeron a Pilatos que Jesús se negaba a pagar impuestos a César, pero Pilatos supo que eso era una mentira. Pilatos sabía que los líderes religiosos acusaban a Jesús de ese crimen sólo porque le tenían envidia. Jesús se había vuelto mucho más popular que ellos y lo veían como una amenaza a su poder y posición.

Los líderes religiosos se dieron cuenta que no estaban ganando terreno con Pilatos, así que pasaron a acusar a Jesús de autoproclamarse rey. Esa era una acusación mucho más seria. Cualquiera que proclamara ser rey era una amenaza para el Cesar, pero sin saberlo, el Sacerdote había abierto una puerta de escape para Pilatos y no tener que lidiar con Jesús.

Le dijeron: “Con sus enseñanzas agita al pueblo por toda Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí.”

Cuando Pilatos escuchó que Jesús era de Galilea, concluyó que el problema estaba fuera de su jurisdicción e hizo que llevaran a Jesús con Herodes, pensando que ese sería el final del problema para él.

Herodes había querido ver a Jesús desde hacía un tiempo. Le hizo muchas preguntas a Jesús y le pidió que hiciera milagros enfrente de él. Jesús permaneció en silencio.

En lo que pareciera haber sido un tiempo muy frustrante, Herodes le entregó a Jesús a sus soldados. Los soldados lo vistieron con un manto, se burlaron de él y lo ridiculizaron. Luego lo llevaron de nuevo con Pilatos.

Pilatos se decepcionó al ver que Jesús había regresado. Obviamente Jesús era inocente. Ni Herodes pudo encontrar cargos contra Él. Pilatos intentó que soltaran a Jesús. Le ofreció a la multitud la opción de soltar a un prisionero. Podía soltar a Barrabás o a Jesús, y la gente clamó en voz alta que soltaran a Barrabás y que crucificaran a Jesús.

Entonces, Pilatos decidió que Jesús fuera azotado en un intento más de que aceptaran soltarlo. Desvistieron y ataron a Jesús en un poste con sus manos sobre su cabeza y le dieron latigazos.

Lo interesante es que Jesús no rogó por piedad, y eso hizo enojar aún más a los soldados. En Marcos 15:16 dice:

“Los soldados llevaron a Jesús al interior del palacio (es decir, al pretorio) y reunieron a toda la tropa.”

Ahí le arrancaron la ropa, le pusieron otra manta y le colocaron una corona de espinas en su cabeza. Le pusieron un bastón en su mano y se burlaron de Él pretendiendo que era un rey. Los soldados le quitaron el palo de su mano y le golpearon en él en la cabeza una y otra vez. Jesús pudo haberlos destruido con una sola palabra, pero soportó la vergüenza y la humillación.

Pilatos les mostró a Jesús a las personas pensando que ya había sido castigado lo suficiente, pero la gente en la multitud aún demandaba la muerte de Jesús. Le dijeron a Pilatos:

“Si dejas libre a éste, no eres amigo del César. Todo el que a sí mismo se hace rey, se opone al César.”

Pilatos cede a su petición y sentencia a Jesús a muerte por crucifixión.

Jesús recoge su cruz y comienza su viaje hacia el lugar de la calavera, llamado Gólgota. Las mismas personas que alababan su nombre hace cinco días, ahora llenaban las calles con sus voces llenas de ira. En algún lugar a lo largo del camino, Jesús, carente de fuerzas, cae bajo el peso de la cruz, y eligen a otro hombre para que cargue la cruz.

Llegan a Gólgota y crucifican a Jesús en medio de dos ladrones.

La crucifixión era una forma de ejecución tan cruel, que el gobierno romano había prohibido este tipo de sentencia en cualquier ciudadano romano.

Después de que las manos y los pies de Jesús fueron clavados en la cruz, se le hizo cada vez más difícil respirar. Podía inhalar, pero no exhalar. Normalmente la causa de muerte de alguien que es crucificado es asfixia o sofocación, y por el shock de perder tanta sangre. Jesús debió de haberse empujado con sus pies clavados para poder continuar inhalando y exhalando.

Lo primero Jesús dijo en la cruz fue: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.”

Al mediodía, el cielo se oscureció. Por tres horas la Tierra se cubrió de oscuridad.

Unos momentos después, Jesús dijo en voz alta: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Lo que pasó fue que en ese momento, todos los pecados de la humanidad fueron puestos sobre Jesús. Lo más doloroso que tuvo que enfrentar Jesús no fueron los clavos que atravesaron sus pies y sus manos. No fue la burla de la gente. No fue la corona de espinas o los golpes que le dieron en su cara y cuerpo. Lo más doloroso que tuvo que enfrentar fue cuando todos los pecados de la humanidad fueron puestos en Él. Esa fue la primera vez que Jesús se sintió separado de Dios. Fue la primera vez que sintió el vacío, la soledad y la culpa que trae el pecado.

Alrededor de las tres de la tarde, seis horas después de haberlo puesto en la cruz, Jesús dijo: “Tengo sed.” Le dieron vinagre. Luego tomó un gran suspiro y dijo: “Consumado es.” Lo que dijo Jesús significa “pagado en su totalidad”.

Jesús estaba proclamando que la deuda del pecado que se le debía a Dios había sido pagada en su totalidad con su sacrificio de muerte en la cruz.

Las palabras finales de Jesús fueron en forma de una oración. Jesús oró: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”

¿Por qué hizo esto Jesús? Jesús nos vio en un mundo perdido. Nos vio con una alma vacía y supo que no había forma de que pudiéramos tener una relación con Dios, a menos que tomara nuestro lugar y muriera por nuestros pecados.

Dios renunció a su único hijo, pero no va a renunciar a ti.

“Querido Dios, gracias por dejar que Jesús muriera por mis pecados. Gracias porque ahora mis pecados han sido lavados por la sangre de Jesús. Gracias por amarme. Gracias por no darte por vencido conmigo. En el nombre de Jesús, amén.”